DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD..?


JACKSONHabía una vez, un club de fútbol grande, con historia gloriosa, una interminable cantidad de hinchas fieles como nadie en su tierra y un sinfín de hechos que lo hacían destacar por sobre cualquiera de su jerarquía transitoria. Le decían “el enterrador” y “el multicolor” como apodos principales. Esta institución tenía como actividad principal al fútbol, y residía en un país en conflicto constante por ilegalidades y estafas en todos los estratos de su sociedad: Mafiantina, territorio lleno de virtudes climatológicas y estructurales, pero arruinado por una sucesión de impresentables políticos.

El club llevaba el nombre de “Caporita”, ya que los fundadores sentían que la valentía iba a ser su característica que le traería admiración y muchos rivales acérrimos. Y fue así, que más allá de títulos que consiguió, el mundo entero conoció a Caporita por su gente, y por el temor que se le tenía a su gigantesca y animosa hinchada.

Con el paso del tiempo, la grandeza lograda en lo deportivo, se fue transformando en crisis por culpa de incapaces, corruptos y despiadados dirigentes, que en cadena de horrores de conducción, destruyeron al club. El primer gran responsable se llamó Víctor Risuelio, que de risueño no tuvo nada, tampoco de serio. Asumió con Club Caporita en la Primera División de Mafiantina, y comenzó a transformarse en ladero del máximo responsable del fútbol mafiantino, Roberto Grampona, un delincuente que fue socio de gobiernos de facto y de estados democráticos, para enriquecerse y acrecentar sus bienes con la excusa de ser dueño de una negocio polirrubro en Malnansí, su barrio de nacimiento. En esa unión de Risuelio y Grampona, el club multicolor no tuvo beneficios, más allá que recibió plata para reconstruir su estadio y para reforzar su plantel. El dinero llegaba al club, pero éste empezó a tener una importante crisis, con pasivos superiores a los 30 millones de morlacos, moneda local.

Caporita descendió de Primera y su gente, que idolatró a Risuelio cuando reinauguró el estadio, se le puso en contra. El presidente renunció y se fue a un país vecino llamado “Mateguay” para continuar con el lavado de dinero en compra y venta de jugadores, en beneficio de Grampona. En la institución asumió interinamente el vice Garabato (del que sólo se recuerda su noviazgo con una hincha con actitud felina denominada Piquita), sólo para ser parte de un nuevo descenso, esta vez, a tercera. Y para convocar a elecciones, que fueron indudablemente una simulación ya que la Comisión Directiva armada para esos comicios era en gran parte, los mismos nombres que ya comandaban y hundían a Caporita.

El presidente electo se llamaba Mule Gómez, y su imagen y capacidad no abrían ilusiones muy grandes. Parecía el mozo de un bar haciéndose cargo de una cadena de restaurantes, sin ideas ni más convicciones que la de lograr beneficios personales. La elección la ganó casi sin plataforma política, ya que de contar con alguna, hubiese sido juzgado con el paso del tiempo, hecho que intentó siempre evitar.

En su primer año, mantuvo al entrenador responsable del descenso, un tal Guerrini, obsesivo de los asados y de dar espectáculos lamentables cuando dirigía a sus equipos. Era un hombre perdedor, ya que en casi 30 años, sólo contaba con 1 título, pero su verborragia lo hacía muy querido. Los resultados deportivos no acompañaron y Caporita, pese a su grandeza e historia destacada, tropezaba con rivales que causaban vergüenza. Y Mule Gómez decidió presentar a un gran aliado: el empresario Arrocero, que estaba decidido a llevarse jugadores por poco monto y usufructuar el mal momento de la institución, para obtener negocios redondos para él……y para Mule.

Despidieron a Guerrini e improvisaron, a 5 fechas del final y aún con chances de ascenso, con un ex arquero de gran trayectoria como jugador, pero tildado de mufa y mala leche: el gorila Castagno Montado. Con éste la posibilidad de subir fue desterrada, y Caporita se mantuvo en la horripilante tercera categoría por otro año.

Para calmar la furia de socios y simpatizantes, Mule decidió contratar al perro Veek, un ídolo absoluto de Caporita, amado, dueño de posters y recuerdos interminables. Antes, intentaron acordar con otro ex jugador con tanta idolatría como Veek, el arquerazo Mozartdo, pero éste no transó con ciertas condiciones absurdas y los dirigentes alegaron que el extraordinario ex golero y buen entrenador, pidió mucha plata. En realidad, no aceptó reglas aberrantes, por eso acordaron con Veek su plan de acción.

Veek debía comenzar el nuevo campeonato con aspiraciones, pero sin esperanzar a quienes lo idolatraban. Él diría que Caporita iba “a dar barullo”. Nunca prometería título, por algo muy secreto que guardaba. El elenco tuvo su primer partido relevante ante su rival de toda la vida, el club “Lavanda” de Villa Presto, y de visitante. Los dirigidos por el “perro” ganaron el duelo, y se posicionaron muy bien. Los hinchas apoyaban, los dirigentes lograban que nadie hablara de la crisis institucional y financiera, y todo se centrara en lo deportivo. Y así fue que transitó durante gran parte del torneo con esperanzas, aunque mostrando un mal nivel futbolístico, y bajando la fe a un lugar más lógico.
Cuando el presente 2014 iniciaba, las posibilidades de ascenso se disipaban por derrotas inexplicables, y por una pérdida absoluta de la idea futbolística. El DT era temeroso, los cambios y tácticas que accionaba llevaban al “enterrador” a defenderse y actuar como club chico, y las posibilidades de subir, si bien todavía existían, se mostraban cada vez más lejanas. Parecía algo extraño, como si no quisiesen conseguir el éxito por razones acordadas previamente.

Una seguidilla de derrotas humillantes terminó con todo. Caporita no sólo no fue campeón, sino que además, quedó fuera de la segunda posibilidad de ascenso. Veek, pese a todo lo malo hecho, era bancado por la CD y por un porcentaje de hinchas, esos que no analizan y sólo son seguidores por cantar, tomar vodka con cola y no pensar en lo mejor para el club.
Pero en el penúltimo partido y tras otra derrota, Veek se trompeó con el lateral y capitán “Freddy” Morgades, y presentó la renuncia, sin dar claras razones de por qué se iba. A dos días de la sorpresiva renuncia, fue contratado por el club Infra Luz de Uvú, nación vecina de Mafiantina. Todo estaba acordado, mucho tenía que ver lo que desde FAFA ordenaba Grampona, quién ya había determinado el ascenso de Medefeco, club verdinegro que le era redituable en recaudaciones. Y la decisión del corrupto líder futbolístico era que, con una gran reforma de campeonatos que harían, el deporte mediático por excelencia le daría múltiples beneficios económicos. Como Caporita cumplió con lo ordenado, el premio llegaría: viajes para torneos internacionales para Mule Gómez y algunos oscuros personajes de la directiva multicolor. Y para el siguiente torneo, una promesa de ascenso y negociados para tranquilizar a la muchedumbre enojada. Caporita ascendería en el torneo de la reforma, y nadie tomaría en cuenta que por culpa de Mule, el pasivo del club se duplicó, y la quiebra se transformaría en inminente.

Esa es la historia, tan real como tantas, tan mafiosa e inescrupulosa como otras. Quien quiera oír, que oiga. Total, todo es ficción.

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